
A
muchos nos sorprendió la noticia de que Michael Bay, director asociado a
presupuestos astronómicos desde sus inicios en 1995 con “Dos policías
rebeldes”, iba a dirigir una historia
basada en hechos reales con un presupuesto estimado en unos 25 millones de
dólares, una cifra muy inferior a las que suele manejar en sus películas. Por
citar sólo algunas, “Armageddon” tenía un presupuesto de unos 140 millones de
dólares, “Pearl Harbor” se convirtió en la más cara de la historia en su
momento con un presupuesto que según algunas fuentes alcanzó los 200 millones
de dólares, y la saga “Transformers” contó con un presupuesto que se fue
incrementando con cada nueva entrega, 150, 200 y 250 millones de dólares
respectivamente.

La
historia, basada en hechos reales, como ya hemos dicho, se centra en tres
amigos culturistas con no demasiadas luces que, en su afán por alcanzar el
sueño americano, no se les ocurre mejor manera que secuestrar a un empresario y
obligarle a que les ceda sus propiedades y bienes. Con grandes dosis de humor
negro, la película relata los acontecimientos de manera bastante entretenida.
Sin embargo, aunque no es excesivamente larga (dura 130 minutos), se habría
agradecido que el metraje fuese 15 o 20 minutos inferior, pues hay algunos
momentos que se alargan demasiado sin aportar gran cosa a la trama.

Bay nos
presenta una película modesta y desenfadada, consiguiendo aunar la violencia y
el humor negro sin caer en lo grotesco o zafio. El director consigue introducir
el humor negro de manera muy acertada en una historia bastante dramática, no
solo sin que desentone o saque al espectador de la misma, sino convirtiéndolo
en una de las grandes bazas del film y permitiendo el lucimiento de las características
cómicas del reparto.
Por otro
lado, la banda sonora de Steve Jablonsky (“The Island”, la trilogía de “Transformers”,
“Battleship”) es muy acertada para la película entremezclando temas muy conocidos
con otros propios de manera muy correcta, acompañando en todo momento la acción
que transcurre en pantalla y consiguiendo elevar el resultado final del film.
Estamos
por tanto ante una película sin grandes pretensiones, que es consciente de ello,
consiguiendo hacer de esto su mayor baza; con unas correctas interpretaciones,
tanto de los protagonistas como de los secundarios; y con una dirección de
Michael Bay diferente a lo que nos tiene acostumbrados, más “calmada” y que
sorprende, logrando hacernos pasar un buen rato en el cine (que es de lo que se
trata, que muchos directores a veces se olvidan que la principal función del
cine es entretener).
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Michael Bay dirigiendo una escena durante el rodaje del film. |
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Mark Wahlberg en un momento del rodaje. |